La tensión entre cultura, naturaleza y tecnología ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes. En la Grecia clásica, la técnica era vista con recelo frente a un ideal de armonía natural; en la modernidad, se convirtió en símbolo de progreso; y en el siglo XX, la crítica filosófica alertó de los peligros de una sociedad dominada por la herramienta. Con la irrupción de la inteligencia artificial, una tecnología capaz de transformar cómo trabajamos, cómo aprendemos y cómo nos relacionamos con el medio, se sugiere reflexionar respecto a la tríada.
La inteligencia artificial no es simplemente una tecnología más; la inteligencia artificial es aplicable prácticamente a todos los campos de manera directa y, donde no llega directamente, impacta de manera indirecta. Por lo tanto, lo que podemos esperar de esta tecnología es que cambiará el mundo que hoy conocemos en muchos aspectos: nuestros modos de conocer, aprender, las expectativas de hasta dónde puede alcanzar la capacidad de uno mismo, cómo nos relacionamos con las personas, con los objetos, con la naturaleza y, en consecuencia, con la cultura.
Como tecnólogo que trabaja con la inteligencia artificial desarrollando sistemas que aumentan la eficiencia de los trabajadores y multiplican su productividad hoy, y convirtiéndose en la reducción de ciertos puestos de trabajo si la empresa no es capaz de identificar nuevos modos de aumentar su beneficio sin reducir costes, no dejo de reflexionar —a veces por iniciativa propia, otras veces incentivado por preguntas inocentes del entorno— sobre cómo está impactando e impactará esta tecnología redistribuyendo el poder de negociación entre partes (empresa–trabajador–cliente), cómo amplifica valores relacionados con la responsabilidad individual para su implementación y cómo elimina la individualidad de las personas, transformando esos valores relacionados con la tecnología por la expectativa de eliminación de recursos humanos por sistemas inteligentes, modificando así los cimientos de la actual cultura y poniendo en duda la supuesta inocencia de la tecnología.
Trabajar con la inteligencia artificial exige una mirada crítica, y se hace necesario evitar el optimismo ingenuo de que todo será una resolución de problemas existentes sin impacto, así como el pesimismo absoluto donde la tecnología es una imposición para la creación de problemas inexistentes que no solucionan nada.
En este sentido, me ha parecido interesante —aunque no comparta su pesimismo y fatalismo— la reflexión de Neil Postman temiendo una sociedad completamente tecnificada donde todas las decisiones relacionadas con los ciudadanos se ejecutarán al criterio de expertos y máquinas. Creo que tiene razón en algo fundamental: en la reflexión de que cada tecnología obliga a la sociedad a hacerse preguntas nuevas respecto a la tecnología, y en este caso, con un impacto esperado tan relevante y transformador.
La cultura y la naturaleza no serían lo mismo sin las tecnologías que las han moldeado a su paso. Lo que consideramos «natural», por lo general, es una relación de acción-reacción entre cultura y tecnología. Por lo tanto, hablar de cultura sin relacionarlo con la tecnología es casi imposible: desde las primeras herramientas agrícolas hasta las innovadoras tecnologías (cuántica, biotecnología, genética, robótica, etc.). Lo que hoy entendemos como «nuestro mundo» ha sido un proceso continuo entre la evolución de este y las tecnologías que hemos ido desarrollando, compartiendo espacio y tiempo.
Dicho esto, la inteligencia artificial no representa una excepción en este contexto, sino una conjunción más entre tecnología y cultura que impacta e impactará en nuestra historia. Pero sí cabe remarcar que el impacto de esta tecnología apunta a ser mucho más radical, ya que es una tecnología que afecta a muchos aspectos considerados exclusivos del ser humano, como pueden ser el aprendizaje, el proceso del pensamiento, el lenguaje, la creatividad o la memoria colectiva, que al mismo tiempo se alimentó de los datos generados hasta el momento relacionados con nuestra naturaleza y se realimentará con nuevos datos o productos generados de la interacción con esta tecnología e influidos por nuestra aceptación, convirtiéndose así en una nueva cultura donde la frontera entre los creadores de la cultura se difumina con la herramienta.
En consecuencia, es necesario examinar la inteligencia artificial no solo por sus beneficios —pues sería una aproximación optimista e ingenua—, sino por lo que transforma a su paso, desde lo que magnifica hasta lo que destruye. La inteligencia artificial resuelve problemas de eficiencia y de escala: en la medicina permite detectar patrones invisibles para el ojo experto de enfermedades que no presentan aún síntomas; en la educación puede personalizar itinerarios teniendo en cuenta cómo el alumno interactúa con el contenido; y en trabajos técnicos automatiza tareas repetitivas. Pero también es cierto que durante el 2025 la inteligencia artificial generativa (la relacionada con modelos grandes de lenguaje como ChatGPT) ha contribuido a miles de despidos y, al mismo tiempo, los avances médicos relacionados con esta tecnología ya han salvado vidas. Por lo tanto, la pregunta fundamental no es la relacionada con qué problema resuelve sino para quién lo resuelve. Lo que para la empresa es un avance y aporta un beneficio por eficiencia en costes, para el trabajador puede ser un posible despido. O lo que para un ciudadano puede ser una pérdida de privacidad, para el gobierno puede ser una herramienta de gestión contra el fraude.
En línea con el pensamiento de Neil Postman queda reflexionar sobre los problemas que crea la inteligencia artificial como contrapartida a las soluciones que ofrece. Aparece la reorganización del trabajo, que no solo afecta a las arquitecturas que dan respuesta a la entrega de un valor como empresa, sino a la falta de sentido vital de aquellos a los que esta tecnología concreta les quitó el trabajo. Surge la dependencia de utilizar máquinas para tareas como el pensamiento crítico o la resolución de problemas creativos, aquellos problemas que necesitan nuevas soluciones aún no creadas ni documentadas, o incluso la búsqueda de consuelo ante problemas mentales. La autoría de los productos creativos se vuelve más compleja si usamos, aunque sea parcialmente, herramientas que generan imágenes, conceptos o sonidos. Sin dejar de lado el coste para la naturaleza de grandes centros de computación, consumo de energía y de agua, o la extracción de minerales necesarios para desarrollar el hardware necesario para operar. Es curioso cómo la inteligencia artificial puede ayudar a predecir escenarios climáticos mientras contribuye con esa misma inferencia (proceso de computación) a alterar el clima.
Desde la perspectiva de la naturaleza, el uso de la inteligencia artificial puede prometer salvar el planeta mientras lo daña por su dependencia material (energía, agua y metales). La idea de la naturaleza se amplía y ahora depende de algoritmos de inteligencia artificial, creando una naturaleza híbrida que convive entre lo biológico y lo técnico. Por lo tanto, esta transformación afectará a nuestra visión de la naturaleza añadiendo a lo que hoy consideramos natural métricas relacionadas con la ejecución de esta tecnología, creando una interdependencia; mejor dicho, lo que entenderemos por naturaleza.
La cultura no quedará intacta. Desde la educación, donde la inteligencia artificial, bien usada, ayuda a resolver dudas y fomentar el pensamiento, pero al mismo tiempo puede ser mal interpretada por adolescentes que ven en esta herramienta un atajo para resolver lo que hoy no perciben como fundamental en su crecimiento cultural. En el trabajo, donde hoy los roles son un marco de identidad más allá de una fuente de ingresos, la tecnología cambia la percepción subjetiva de lo que significa. O el arte, donde los dilemas se extienden sobre la autoría, el reconocimiento o el valor que tiene una obra desarrollada con unos cuantos prompts (comandos para sistemas de inteligencia artificial).
Bajo mi punto de vista, reflexionar si la inteligencia artificial es buena o mala no es lo más importante, sino cómo su existencia convive con nosotros y nuestro entorno. Si nos vamos al extremo de un mundo liderado por la tecnología, correríamos el riesgo de que las decisiones se conviertan en meros cálculos estadísticos; y si nos vamos al otro extremo, perderíamos una de las herramientas más transformadoras para enfrentar grandes desafíos existentes. Quizá la clave utópica pasaría por integrarla del modo más responsable (ética, ecológica y culturalmente). Esto implicaría mantener el interés humano en el centro sin comprometer la sostenibilidad del planeta, protegiendo la diversidad cultural frente a una posible estandarización debida a las herramientas de creación. Pero será la cultura, la naturaleza y la tecnología actuales quienes integrarán este cambio de modo orgánico, aunque incontrolable por las personas.
La inteligencia artificial, como otras tecnologías que ya pasaron, actúa como un espejo de nuestras aspiraciones, nuestros miedos y contradicciones, moldeando así la cultura. Sería optimista considerar que las decisiones filosóficas pueden impactar en cómo moldeará esta tecnología nuestro entorno, pero, bajo mi humilde punto de vista, el futuro estará en manos de los algoritmos —cuando menos parcialmente— como así ha sido con otras tecnologías ya integradas en nuestra naturaleza y cultura. Y esta no es una visión pesimista aceptando relegar nuestro futuro a las “manos” y “pensamiento” de una creación humana como es la inteligencia artificial, sino más bien la aceptación de lo que ha sido y será la coexistencia de la naturaleza, la cultura y la tecnología.
Fuentes
UNESCO. (s.f.). AI and the future of learning. UNESCO. https://www.unesco.org/en/digital-education/ai-future-learning
UNESCO. (2022). Re|Shaping policies for creativity: Addressing culture as a global public good. UNESCO. https://www.unesco.org/reports/reshaping-creativity/2022/en
El Salvador.com. (2024). La inteligencia artificial y los miles de despidos que se esperan para 2025. https://www.elsalvador.com/noticias/internacional/inteligencia-artificial-miles-despidos-2025/1250354/2025/
Organización Internacional del Trabajo. (2023). Uno de cada cuatro empleos en riesgo de transformarse por la IA generativa. OIT. https://www.ilo.org/es/resource/news/uno-de-cada-cuatro-empleos-en-riesgo-de-transformarse-por-la-ia-generativa
IBM Research. (s.f.). Health imaging. IBM Research. https://research.ibm.com/haifa/dept/vst/health-imaging.shtml
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. (2023). La IA plantea problemas ambientales: esto es lo que el mundo puede hacer. UNEP. https://www.unep.org/es/noticias-y-reportajes/reportajes/la-ia-plantea-problemas-ambientales-esto-es-lo-que-el-mundo-puede
College of DuPage. (2013, June 3). College lecture series – Neil Postman – «The surrender of culture to technology» [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=hlrv7DIHllE
Alsina González, P. (2021). Cultura y tecnología (2.ª ed.) [Material docente]. Fundació Universitat Oberta de Catalunya. CC-BY-NC-ND. PID_00285179.

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