En los últimos años, hemos visto cómo el lanzamiento de nuevos modelos de inteligencia artificial se ha vuelto ferozmente competitivo. Cada pocas semanas, las empresas que desarrollan estos modelos nos sorprenden con anuncios de versiones más potentes y avanzadas, y una parte clave de estas presentaciones se centra en comparaciones directas a través de benchmarks. Basta con ver cómo compañías como OpenAI, Google DeepMind o Anthropic comparten orgullosamente las posiciones de sus modelos en tablas de rendimiento, mostrando cómo superan a los de la competencia o incluso a sus propias versiones anteriores.
Estos benchmarks estándar –como MMLU, GLUE, SuperGLUE, entre otros– se han convertido en el lenguaje común para medir la inteligencia y capacidad de los modelos, facilitando comparaciones rápidas y objetivas. Sin embargo, lo interesante aquí no es solo quién lidera en cada prueba, sino cómo el hecho de tener indicadores claros y públicos se ha transformado en un poderoso motor de innovación. Al tener referencias tan visibles y aceptadas, los equipos de investigación y desarrollo se ven empujados a mejorar continuamente, a innovar en arquitecturas, optimizaciones y aplicaciones específicas para escalar posiciones.
Esta obsesión por los benchmarks muestra que medirse y compararse no solo ayuda a validar el progreso, sino que también actúa como un catalizador de nuevas ideas y enfoques. Pero esto no aplica solo a los gigantes de la tecnología. Cualquier empresa, de cualquier industria, puede beneficiarse enormemente de definir sus propios puntos de referencia. La pregunta clave es: ¿Tienes tu propio benchmark? ¿Puedes compararte fácilmente con la competencia? ¿Tus clientes o usuarios pueden ver claramente en qué te diferencias y superas a otros?
Si no lo tienes, invéntatelo.
Definir tus propios benchmarks (puntos de referencia) puede convertirse en un motor estratégico de innovación para cualquier empresa, no solo las tecnológicas. Un benchmark es una medida o estándar con el que comparas tu desempeño – ya sea contra competidores directos, líderes de otro sector o contra tus propios resultados históricos. Al crear indicadores a tu medida, obtienes una “vara para medirte” que te impulsa a mejorar constantemente y a superar a la competencia. En lugar de conformarte con seguir tendencias generales, tus benchmarks te obligan a pensar de forma creativa para alcanzar metas específicas, acelerando la innovación en productos, servicios y procesos.
Cuando una empresa define un benchmark propio, está estableciendo un objetivo claro que suele ir más allá de su desempeño actual. Esta brecha entre dónde estás y dónde quieres estar es el caldo de cultivo perfecto para la innovación. Algunos beneficios clave de trabajar con benchmarks son:
- Identificación de áreas de mejora: al comparar indicadores clave de tu empresa con los de competidores o con estándares ideales, rápidamente saltan a la vista tus puntos débiles. Esto te da un mapa claro de qué mejorar. Por ejemplo, un análisis de la competencia ayuda a detectar oportunidades de cambio en procesos internos para ser más eficiente y llegar a más clientes.
- Objetivos más ambiciosos: tus propios benchmarks suelen ser objetivos realistas pero retadores. Al tratar de alcanzarlos, tu equipo se ve motivado a proponer ideas nuevas y soluciones diferentes. La mejora continua se acelera porque todos saben qué meta persiguen y cómo se medirá el éxito.
- Medición frente a la competencia: definir un benchmark significa que podrás medirte frente a otros en el mercado. Saber en qué posición estás (¿eres más lento, más caro o menos eficiente que el líder?) te empuja a cerrar la brecha. Esta presión sana estimula la creatividad y la adopción de mejores prácticas externas. Como señalan los expertos, estudiar a la competencia y al mercado permite implementar cambios para ser más competitivo e incluso descubrir nuevas oportunidades de negocio.
- Nuevas ideas y mejores prácticas: el proceso de benchmarking en sí implica investigación y aprendizaje. Al recopilar información comparativa, es común obtener ideas frescas de cómo otros resuelven problemas similares. Esas ideas pueden adaptarse e incluso mejorarse en tu empresa, dando lugar a innovaciones propias.
En resumen, un benchmark actúa como un disparador de innovación porque convierte la mejora en un objetivo tangible. Como dice el viejo adagio empresarial: “lo que no se mide, no se mejora”. Si además lo mides contra un estándar elevado, te obligas a innovar para no quedarte atrás.
Para aterrizar la idea, imaginemos un ejemplo sencillo en una empresa no tecnológica. Supongamos una fábrica de muebles llamada Muebles Martínez, que produce sillas y mesas. Es un negocio tradicional, pero Muebles Martínez quiere destacarse en algo más que el diseño: decide que su ventaja competitiva será la facilidad y rapidez de armado de sus muebles (un punto muy valorado por los clientes de muebles “listas para armar”).
¿Cómo podría esta fábrica crear su propio benchmark? Veamos paso a paso:
1. Identificar qué medir: La empresa elige como métrica clave el tiempo de montaje de un mueble por parte del cliente. Saben que si sus productos se arman más rápido que los de la competencia, tendrán clientes más satisfechos y posiblemente menores costos de devoluciones o soporte.
2. Establecer una referencia: El equipo de Muebles Martínez investiga cuánto tarda en promedio un cliente en armar el mueble equivalente de su principal competidor. Descubren, por ejemplo, que un estante similar requiere 45 minutos de montaje. También arman uno de sus propios estantes y registran 50 minutos. Su benchmark entonces será superar esa marca. Deciden fijar como objetivo que sus muebles se puedan ensamblar en 30 minutos o menos, un tiempo claramente mejor que el estándar actual del mercado.
3. Analizar la brecha e innovar: Ahora viene la parte creativa. Para recortar de 50 a 30 minutos el tiempo de armado, el equipo analiza todo el proceso: ¿Podemos reducir el número de piezas? ¿Y si preinstalamos algunos herrajes en fábrica? ¿Cómo mejorar las instrucciones para que sean más claras? Incluso miran otras industrias en busca de ideas: aprenden de fabricantes de electrodomésticos cómo empaquetan piezas por pasos, o de IKEA cómo estandarizan tornillos y herramientas. Tras este análisis, implementan varias innovaciones: cada mueble viene con bolsas de piezas separadas por tipo, manuales con diagramas simplificados y algunos componentes encajan con clics en lugar de tornillos.
4. Probar y medir de nuevo: Con los cambios realizados, Muebles Martínez hace que personas ajenas a la empresa (p. ej. clientes piloto o empleados de tienda) armen el nuevo estante. El tiempo promedio baja a 28 minutos. ¡Benchmark alcanzado! Ahora su producto estrella se arma en casi la mitad de tiempo que el del competidor.
5. Comunicar y aprovechar la ventaja: La empresa no se queda ahí; comunica este logro en marketing: “Estante Listo en 30 Minutos”. Además, continúa midiendo y ajustando. Cada vez que lancen un nuevo modelo de mueble, usarán esos 30 minutos como referencia a batir, fomentando así un ciclo continuo de mejora.
En este ejemplo práctico vemos cómo cualquier empresa, incluso fuera del ámbito tech, puede crear un benchmark relevante. No se trató de comparar software o tecnología, sino un aspecto práctico de su producto que importa al cliente. El proceso los llevó a innovar en diseño, empaque e instrucciones hasta lograr un estándar superior. Lo importante es la mentalidad: elegir un área para ser excelente, medirla, y luego experimentar mejoras hasta convertirte tú en la referencia.
Cómo hacer un “pseudo-benchmark” en cualquier industria:
A veces las empresas pequeñas o de nicho piensan que el benchmarking solo es viable para grandes corporaciones con abundantes datos. ¡Nada más lejos de la realidad! Cualquier negocio puede hacer un “pseudo-benchmark”, incluso con información limitada. Un pseudo-benchmark es básicamente un benchmark casero: un punto de referencia que tú mismo defines cuando no tienes un estándar externo claro a mano. Aquí te damos una guía sencilla para implementarlo:
- Elige un indicador clave: Identifica un aspecto de tu negocio que quieras mejorar y que sea medible. Puede ser tiempo, costo, calidad, satisfacción del cliente, etc. Ejemplos: tiempo de entrega de un pedido, tasa de repetición de compra, número de errores en un reporte, etc. Escoge algo alineado con tus objetivos estratégicos (si tu promesa es ser rápido, mide la rapidez; si es la calidad, mide defectos o quejas).
- Establece un referente aunque sea interno: Si no tienes datos de la competencia, usa tu propio desempeño histórico o metas aspiracionales como referencia. Por ejemplo, toma tu mejor mes de ventas como benchmark a superar cada mes; o fija un número redondo ambicioso (p. ej. “menos de 5 devoluciones al mes” si actualmente tienes 8). También puedes usar información pública de la industria, estudios o incluso la experiencia de un negocio parecido en otra ciudad para orientarte.
- Documenta tu situación actual: Mide honestamente dónde estás ahora respecto a ese indicador. Digamos que quieres reducir el tiempo de respuesta al cliente y actualmente tardas 4 horas en promedio en responder consultas. Tener este punto de partida te permitirá cuantificar la mejora luego.
- Define la brecha y posibles acciones: Calcula la diferencia entre tu estado actual y el benchmark deseado. Luego haz una lluvia de ideas de cómo cerrar esa brecha. Aquí es donde entra la innovación: piensa en nuevas formas de hacer las cosas. Involucra a tu equipo en proponer mejoras sin miedo – a veces las ideas más simples (como reorganizar un almacén, automatizar una tarea manual, o cambiar un proveedor) generan grandes avances.
- Implementa cambios de forma controlada: Prueba las soluciones identificadas. Puedes aplicar alguna metodología de mejora continua (tipo PDCA – planear, hacer, verificar, actuar) pero lo importante es pasar a la acción. Por ejemplo, si tu pseudo-benchmark es “entregar en 24 horas” y hoy tardas 48, podrías comenzar ofreciendo entrega 24h solo en ciertos productos o zonas para ver qué ajustes logísticos necesitas antes de escalarlo.
- Mide de nuevo y ajusta: Vuelve a medir el indicador tras implementar los cambios. ¿Te acercaste al benchmark? ¿Lo alcanzaste? Si aún estás lejos, analiza qué faltó o qué hipótesis no funcionaron, ajusta el plan e inténtalo de nuevo. Si lo lograste, disfruta el logro y luego eleva la meta o aborda otro aspecto a mejorar. El benchmarking es un proceso continuo.
Con estos pasos, cualquier industria –ya sea una fábrica, un restaurante, una clínica veterinaria o una empresa de servicios– puede beneficiarse del enfoque de benchmarks sin necesidad de grandes inversiones ni datos sofisticados. La clave está en la disciplina de medir y mejorar. Incluso un “competidor imaginario” o tu propio récord pasado sirven como sparring para motivarte a innovar.
Adoptar benchmarks propios es, en esencia, atreverse a definir la excelencia en tus propios términos y perseguirla con determinación. Más allá de las palabras de moda, se trata de un hábito estratégico que cualquier empresa puede cultivar: observar, medir, crear objetivos y mejorar continuamente. Hemos visto cómo compañías grandes y pequeñas han ganado ventaja competitiva al desarrollar sus propios estándares (más rápidos, más eficientes, más orientados al cliente) y cómo ese proceso impulsa la innovación en toda la organización.
El mensaje final es claro: no esperes a que la industria dicte los estándares. Puedes tomarte la iniciativa y ser tú quien marque el ritmo. Define qué significaría el éxito extraordinario en tu negocio (tu benchmark), comunica ese norte a tu equipo y empieza a construir hacia él paso a paso. Al hacerlo, no solo te estarás comparando positivamente con los demás, sino que te transformarás en un referente. Y en el camino, irás descubriendo nuevas ideas, técnicas y mejoras que son el corazón de la innovación.
¿El resultado? Un ciclo virtuoso donde tus propios logros anteriores te empujan a buscar los siguientes. Cada benchmark alcanzado es un peldaño más alto desde el cual apuntar aún más arriba. En un mundo empresarial tan competitivo, definir tus propios benchmarks te da el foco y la motivación para no quedarte nunca quieto. Empieza con algo pequeño pero significativo, aplica esta guía sencilla, y convence a tu organización de que la próxima historia de éxito –el próximo estándar que otros querrán imitar– puede ser la de ustedes. ¡Atrévete a definir tu propio punto de referencia e impulsa la innovación en tu empresa desde hoy!
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